Inminente-Capítulo 1

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Inminente

Inminente-Capítulo 2

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Inminente-Capítulo 3

Inminente-Capítulo 3

Planeta Yun, sistema Renfor, sector cuatro.
Nave militar Borút, tipo crucero de la federación Otei, acoplada al puerto cinco del astillero orbital tres, perteneciente a la corporación Ternus.

—Teniente Lee, ¿cuándo podremos abandonar este lugar? —exclamó en el puente de mando el comandante Hill, frunciendo el ceño mientras observaba las pantallas frente a él.

—Comandante, las reparaciones han concluido. El personal del astillero está recogiendo su equipo en el puerto…  para que podamos desacoplarnos —respondió la teniente.

—Comandante, tiene una llamada del señor Powel, a cargo del astillero —replicó un oficial en el puente de mando.

—Ponlo en pantalla —ordenó el comandante, con un tono de impaciencia en su voz.


La imagen del señor Powel apareció en la pantalla del puente de mando de la Borút.

—Saludos, comandante Hill. De parte de la corporación Ternus, nos disculpamos y lamentamos la demora en las reparaciones.
Nuestros ingenieros ya están recogiendo su equipo del puerto para que puedan partir.
Espero que su tiempo en la órbita de Yun haya sido… reparador para usted y su flota.

El comandante Hill soltó una risa seca.

—Lamento decepcionarlo, señor Powel… pero ¿quién podría disfrutar de este… paisaje desértico que nos ofrece su encantadora ubicación? —respondió, con un tono cargado de sarcasmo mientras señalaba vagamente hacia la superficie de Yun.


Al cerrarse la llamada, el comandante Hill se levantó de su asiento y dijo, mientras abandonaba el puente:

—Por fin nos vamos de esta cloaca.


Mientras tanto, en su oficina, Powel pensaba:
Por fin se marcha ese tipo. Es la segunda vez que viene a Yun, y parece más irritante con el tiempo. Espero no tener que verlo más.


En la nave, la teniente Lee suspiró, mirando por el ventanal hacia el desolado planeta.

—¿No es irónico? Aquí, en órbita, hay astilleros con tecnología de punta, capaces de construir naves de gran envergadura…
y allá abajo… parece que la desolación lo abarca todo.
Bueno, casi todo… con excepción de esas monstruosas refinerías.


Un oficial veterano se acercó al ventanal, apoyando una mano en el marco.

—Hace mucho tiempo, cuando me preparaba para un examen en mis días de estudiante, me tocó ver la historia de muchos planetas y su desarrollo…
y mostraban a Yun como un planeta próspero, rico en recursos naturales y, sobre todo, en metales pesados.
Pero todo cambió con la entrada en servicio de los astilleros orbitales.
Supongo que para las grandes corporaciones ya no era relevante mantener el planeta en condiciones óptimas.
Ahora no es más que un enorme recicladero de naves obsoletas… y una guarida de mercenarios y traficantes.
La única razón por la que aún existe alguna actividad económica es gracias a las fábricas que reciclan los despojos de esas naves…
extrayendo lo poco que aún tiene valor.
Es un triste recordatorio… de lo que la ambición puede hacer con un mundo.


La teniente Lee mantenía su mirada nostálgica hacia la superficie árida de Yun.


En el puente de acoplamiento del astillero, el ingeniero Rui recogía sus herramientas, mientras su compañera de trabajo y pareja sentimental, Laura, comentaba con una sonrisa:

—Parece que al final sí tendremos tiempo para disfrutar de un postre después de este turno.
Casi no terminamos con esta nave.

—Si la supervisora no nos pone horas extra de última hora, por supuesto… disfrutaré mi postre completo —respondió Rui, devolviéndole la sonrisa.

—Parece que no estamos hablando del mismo postre —susurró Laura, mientras una sonrisa pícara se le escapaba del rostro.

Rui sonrió, comentando:
—Además, ya todos han vuelto al hangar. Démonos prisa.

—Sí, dense prisa y despejen el puente. El señor Powel no quiere ver esa nave aquí por mas tiempo —comunicó Larry, el operador de la torre de control del astillero tres.


Al mismo tiempo, en la superficie de Yun…
Jim y Troy, gemelos de once años, estaban acostados sobre el fuselaje inclinado de una nave vieja cubierta por arena casi en su totalidad…
mirando las luces del tráfico orbital en el cielo que recién se oscurecía.

—¿Cómo crees que se vive allá arriba, hermano? —preguntó Jim.

—No sé… supongo que mejor que acá —respondió Troy, girando entre sus dedos un trozo metálico del tamaño de su puño.

—Este pedazo de metal parece parte de un escudo externo, ¿no? Como los que tenían las naves viejas…

—Sí… es durísimo. Está más frío que los demás restos —dijo Troy, alzándolo contra la luz del sol que ya se escondía.

—Vamos, ya se está haciendo tarde. Y suelta esa cosa. Sabes que a mamá no le gusta que llevemos chatarra.
Además, ya estamos advertidos sobre llegar a oscuras al asentamiento.

Troy bufó. Mientras se levantaba, lanzó el trozo al aire y lo atrapó.

—Qué más da, el sol casi se oculta. Espero que mañana encontremos algo mejor. Hoy ha sido aburrido…


Pero cuando sostuvo ese trozo de metal por última vez…

…Lo sintió.


Un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.
No era por la noche que caía… ni por miedo… sino por algo más profundo.

En su mente, creyó por un instante, que podía lograr cualquier cosa…
Sus dedos se cerraron sobre el metal. Y lo apretó.

Crack.

El sonido del metal crujiendo… apenas un susurro.

Al escucharlo, Jim giró, extrañado.

—¿Qué haces…? —decía Jim, mientras, con un asombro sin igual, veía cómo su hermano lanzaba al cielo lo que tenía en la mano.


El objeto fue lanzado con tal fuerza que inmediatamente rompió la barrera del sonido…
creando una onda expansiva que empujó el polvo y la basura a su alrededor.

Jim se cubrió los ojos.
Cuando volvió a mirar, el rostro de Troy estaba estupefacto.
No sabía qué había ocurrido.

Por un momento, pareció que el tiempo se detuvo.
Y todo estaba en silencio.

Y el objeto…
había desaparecido, dejando un agujero en las nubes del cielo nocturno de Yun.


Hasta que Troy volvió en sí…
y lo vio.

Luces en lo alto del cielo.
No estrellas.
Naves.

Y venían…
directo hacia ellos.

—Mira, hermano —dijo Troy con voz entrecortada, señalando al cielo con su mano temblorosa.

—¡Corre! —gritó Jim.

Agarró la mano de Troy y corrieron…
con el corazón latiendo como tambores de guerra.

En ese instante, a bordo de la Borút, todo parecía rutinario.

La teniente Lee observaba la superficie de Yun…
cuando un pequeño punto rojo y fugaz en la atmósfera desvió su mirada.


Tres segundos después…

Se activaron las alarmas.
Y el sistema de la nave emitía múltiples advertencias de daño…
en diferentes niveles de la Borút.

—¡¿Qué sucedió?! —gritó el comandante Hill, entrando apresuradamente al puente de mando.

—Hemos sido impactados por algo, señor.
El casco exterior y varios niveles han sido perforados —respondió rápidamente un oficial presente.

—¡Tenemos una brecha! ¡Pérdida de presión en los niveles del uno al veinte! —gritó otro oficial.

—¿¡Al veinte!? ¡Coloquen inmediatamente lo que sucede en el núcleo energético! —ordenó el comandante Hill, con voz de preocupación.


En las pantallas del puente de mando…
se veían imágenes de diferentes niveles de la nave…
todos afectados por el impacto.

En el nivel veinte estaba el núcleo energético de la Borút…
cuyo recubrimiento blindado había sido atravesado en un noventa y siete por ciento
por algo no mayor al tamaño de un puño.

—¿Qué es eso? ¿Es un meteoro? ¿De dónde vino? ¡Tracen la dirección inversa de eso ahora! —rugió el comandante, sumamente enojado.

—Comandante, la dirección inversa apunta a la superficie de Yun.
Las cámaras exteriores captaron este video… de algo pequeño y extremadamente rápido que nos impactó —señaló un oficial.


En el puente de acoplamiento, la voz de Larry, el operador de la torre de control, resonó en el comunicador del traje de Rui:

—Atención a todas las estaciones.
Se ha detectado un impacto significativo en la estructura de la nave Borút, acoplada al puerto cinco.
Repito… impacto significativo…


Rui y Laura se miraron…
con una punzada de preocupación.

Rui se acercó al borde del puente…
y vio una estela de restos flotando en el vacío, alejándose de la Borút.

—Será mejor que vayamos al hangar hasta que sepan qué ocurre —dijo Rui, girándose hacia Laura.

—¡Levanten los escudos! —ordenó el comandante Hill.

—¡Señor, aún estamos anclados al puente del astillero!

—¡No importa! ¡La prioridad es la nave!


Los escudos se activaron en la Borút…
y la energía liberada por el campo de defensa colapsó parte del puente externo al que estaban anclados…
causando enormes estragos.


En el puente de acoplamiento, Laura asintió…
e impulsó suavemente su cuerpo con las botas magnéticas para acercarse a Rui.

Pero en ese instante…


…un campo de energía azul brillante se activó.
Y alcanzó a Laura desde el lado izquierdo de su cintura…
hasta su ojo derecho.

La cortó en dos partes.


Rui, que acababa de tomar la mano izquierda de Laura,
sintió cómo sus dedos se apretaban con fuerza por reflejo.

Y gritó.

El traje de Laura emitió una voz fría y automática:
—Daño crítico. Daño crítico.


Rui miró con horror la mitad del cuerpo de Laura que aún sostenía…

El resto flotaba lentamente…
frente al ventanal del puente de mando de la Borút…

Con la luz parpadeante de las alarmas reflejándose en su rostro inerte…
cortado a la mitad.

El universo se redujo…
al vacío helado…
y al grito silencioso que se ahogaba en su garganta.


—¡Informe de la situación! —rugió el comandante Hill.

Un oficial amplió el mapa del sector…
mostrando la ubicación de donde se había determinado que provenía el objeto.


No lo suficiente como para ver personas.
Pero sí… para fijar un punto de origen.

Y hacia allá…
se dirigieron naves de reacción rápida.


El trozo de metal, chamuscado, fue recuperado…
y ahora giraba en el campo gravitacional de un laboratorio dentro de la Borút…

—¿Qué demonios es esto? —murmuró un oficial.

—Aleación antigua… parte de los escudos externos de las naves viejas —dijo otro, leyendo el escáner—.
Cuando los escudos de energía mejoraron, dejaron de usar blindaje físico como este.
Era muy pesado… pero casi indestructible.

—¿Cómo llegó hasta aquí? ¿Quién lo disparó? —preguntó un tercero—.
No tiene forma de proyectil.
No fue detectado a tiempo…
¿cómo atravesó tantas capas antes de que las alarmas saltaran?


Silencio.

Nadie tenía respuestas.

Tampoco imaginaron…
que fue lanzado por un niño.

Un niño que jugaba…
con basura.

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